




" BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA
DE MÉXICO "
16 - SEPTIEMBRE - 2010
Al finalizar el año de 1815 ambiente hostil del conflicto iniciado cinco años antes había marcado a fuego la geología de Nueva España. Las heridas se sentían en los cuerpos políticos, en las organizaciones pueblerinas y entre las familias.
Las ciudades y los pueblos del antes próspero Bajío mostraban los estragos de la guerra de alta intensidad, con su carga de quebrantos a la vida cotidiana y el despoblamiento y los del centro y sur sentían los amagos de la violencia. En todo el virreinato el comercio se había reducido a los intercambios elementales, mientras que las haciendas y los ranchos apenas producían lo suficiente para el consumo local. El abandono y la inseguridad se notaban en muchos caminos y poblados, sobre todo aquellos que, por ser encrucijadas de infinidad de pequeñas rutas regionales, deben vitalidad a la economía del Reino, como los que ligaban los puertos de Acapulco – México – Puebla – Veracruz, o los del “Camino Real de Tierra Adentro”, y aún las veredas serranas del norte y del sur.